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Si se empieza, se empieza... no?

Opinión de 4; lío de muchos.

EME y EME (MyM)

Patt

En mi vida he conocido 100% machistas pero nunca 100% feministas. ¿Por qué?

Soy de las personas que tiene una mamá soltera y se me infla el pecho cada vez que me preguntan por mis padres. Decir que una persona de mi mismo sexo y de la cual yo llevo sus genes, fue capaz de criar dos hijos, mantener una carrera y darse el lujo de ir a todas las actuaciones escolares; es admirable.

A los12 años pedí a mi madre, mi modelo feminista, quedarme a dormir en la casa de una amiga; se le abrieron los ojos de una forma no muy amigable e intuyendo su respuesta argumenté que mi hermano mayor hizo lo mismo a esa mi edad. Grave error. Un “¡No te empieces a comparar!”, finiquitó la posibilidad de ir a mi primera pijamada.

Mi madre únicamente me habló de mi desventaja “física”, pero al comparar la madurez, talla y fuerza que tenía a los 12 con mi hermano a esa misma edad, ¿Adivinen quién ganó?

Las mujeres sabemos que no somos tan fuertes como los hombres y que en muchos otros aspectos somos diferentes. No pretendemos ni buscamos ser iguales tanto física como mentalmente y debemos sentirnos orgullosas de esas diferencias. Lo que se busca es que a pesar de ser “diferentes” tengamos las mismas oportunidades, derechos y beneficios que tiene un hombre. Ser diferente no significa ser menos, inferior o impedida de hacer algo.

“Una mamá sabe cuando su hija esta lista” para dar el siguiente paso a su independencia, vivimos en un mundo peligroso y las más atacadas somos nosotras, pero ¿acaso los hombres no corren ese peligro?
Siempre creí que era de “papas” decir al hijo varón que regrese a la 1 a.m. y a la hija “hasta las 12 no más”. La verdad es que la “desigualdad” no sólo es impartida por los hombres sino también por las mismas mujeres, que por “inseguridad” no permitimos que exista un trato igual para todos y produce que subestimemos a nuestro mismo género.
Lo más grave es que esa “inseguridad” nos lleva a retroceder, ponernos límites e incluso tener el falso deber de “probar que somos mejores que los hombres”.

No niego que me “pico” cuando alguien me gana, pero me aterra y me “pico” más si un hombre lo hace. Con este comentario, lastimosamente cierto, no hago nada más que confirmar mi inseguridad y construyo esa famosa desigualdad de la que tanto me quejo.

Aquí radica la ambigüedad de la nueva generación de mujeres. Reclamamos un mundo equitativo pero no empezamos por nosotras. Reafirmamos ese sentimiento de inferioridad al querer “sentirnos superior” y “demostrárselo al mundo”, a los hombres, que en vez de verlos como compañeros y rivales a nuestra misma altura, generamos una paranoia, que a su vez produce inseguridad, la cual conlleva a seguir afirmando que el marco de comparación es y será el hombre.
Uno de los caminos hacia esa igualdad en derechos, beneficios y trato que queremos alcanzar, es la negociación. Una negociación primero con nosotras mismas y luego con los demás. Sentir que cedo (pierdo) y recibo (gano) me hace sentir más justa y consecuentemente “feminista”, ya que esa palabra tan “cliché” busca la igualdad y no discriminación para las mujeres. Y aunque la negociación es algo que se hace difícil especialmente cuando atenta contra algo que queremos, deseamos, o consideramos “correcto”; es la única forma equilibrada que existe para alcanzar esa igualdad que buscamos entre géneros: ceder y recibir.

Tal vez si a los 12 años yo, o tal vez mi madre hubiéramos sabido “negociar”, quizás mi primera pijamada no habría esperado 4 años más en realizarse.

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Comentarios

  1. Tanto el machismo como el feminismo son perjudiciales, pregunta: el punto encontraremos la virtud??

    Comentario de leo hace 2 años y 31 meses


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